Filipenses 4:5

En su exhortación final a los filipenses, Pablo manda a la iglesia regocijarse en el Señor. Con el mismo plumazo les dice que “no se preocupen por nada” (RVC; “por nada estéis afanosos”, RVR1960). Dios nos hizo para este gozo continuo, para conocer su favor y estar confiados en sus promesas y protección paterna. Sin embargo, el afán de esta vida nos roba el gozo. Un momento nos sentimos confiados y seguros. Luego vienen los cambios y tememos. El temor, el afán y la preocupación por esta vida son ladrones que nos quitan la paz e imposibilitan el gozo. Pero Pablo nos da una razón por echar de nosotros las cadenas de la preocupación y descansar gozosamente en el Señor. Dice que “el Señor está cerca”. Mientras que varios creen que Pablo está diciendo que la segunda venida de Cristo está pronto, yo creo que más bien Pablo quiere recordar a la Iglesia que el Señor está con ellos; no está lejos de ellos, sino cerca. El salmista dice, “¡Acércate, y ven a salvarme la vida!”. Asaf afirma que el estar lejos de Dios es destrucción: “los que se alejan de ti perecerán”, y que él deriva su esperanza de su cercanía a Dios: En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de ti! ¡En ti, Señor, he puesto mi esperanza para proclamar todas tus obras” (Ps. 73:28). Y el salmista en Sal. 22:11 (un salmo mesiánico) clama al Señor, “No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude”.

Pablo recuerda a los filipenses que venga lo que venga el Señor está cerca de ellos y por eso no hemos de temer, sino confiar y regocijarnos en el Señor. Porque el Señor está cerca, está pronto para escuchar nuestras peticiones y ruegos, con acción de gracias. Así cuando venga el momento de la tentación, el temor, la desesperación, la duda, la angustia frente a la prueba o lo desconocido, echa de ti todo temor e incertidumbre y clama al Señor, regocijándose en él, porque el Señor está cerca.