En la radio WBMJ AM 1190 San Juan, Puerto Rico: Púlpito Reformado

 Estoy en San Juan, Puerto Rico para dar un curso de apologética en el Seminario Reformado del Caribe. Hoy el pastor Carlos Cruz me invitó a acompañarle una hora en su programa de radio.  Hablamos sobre la apologética reformada. Cuando el audio esté listo, lo agregamos al blog!!

I am in San Juan Puerto Rico to give a course on reformed apologetics at the Seminario Reformado del Caribe. Today Pastor Carlos Cruz invited me to go on a one hour radio program with him. When the audio of that program is available will put it up on the blog!

El bautismo de Juan (parte 1)

Juan el bautista

En un debate reciente entre los dos teólogos famosos, John MacArthur y R.C. Sproul, sobre el paedo/credo-bautismo, MacArthur negó llanamente cualquier conexión entre el bautismo cristiano y la circuncisión del AT (otra discusión para otro tiempo), pero sí siguió a afirmar de la forma más fuerte posible que lo que sirve de una transición con el bautismo cristiano es el bautismo de Juan. Esto es lo que dijo durante el debate (la traducción de sus comentarios es mía. El lector puede leer en transcrito en inglés aquí o escuchar el debate aquí):

Y así una señal que convenía a un pacto étnico, no tiene paralelo alguno con una que conviene a un pacto salvador. Y por ende el bautismo se distingue de la circuncisión. Otra vez, les recuerdo que la Escritura no hace conexión alguna entre las dos. Si se fuera a hacer una conexión, una conexión mejor (solo una sugerencia para todos aquellos Reformados que mantienen el paedobautismo), si quisieran establecer una mejor conexión, deberían relacionar el bautismo del Nuevo Testamento con el bautismo de Juan el Bautista. Si algo sirve de una transición es eso. Además se encuentra muy claramente en el bautismo de Juan un patrón, lo cual se parece a lo que también se halla en los bautismos de prosélitos del periodo intertestamentario, sin embargo creo que el de Juan se distingue aun de eso. Lo que se ve en el bautismo de Juan, en primero lugar, es el arrepentimiento: el arrepentimiento conciente y una preparación para el Mesías. Y de hecho, se encolerizó con anatemas casi sin igual hasta Mateo 23; aquellos líderes de Israel salieron a él y los llamó víboras y les preguntó ¡qué diantres hacen ustedes impenitentes aquí, tratando que meterse en este bautismo!

Así que si quieren relacionar el bautismo del Nuevo Testamento con algo, están sentados sobre tierra más firme con el bautismo de Juan porque es de arrepentimiento y porque es de inmersión lo cual prefigura y demuestra la muerte y resurrección de Cristo, y es un bautismo en el cual participó Jesús mismo, y creo yo, no solo para cumplir con toda justicia, sino también para imbuirle el significado que el bautismo cristiano eventualmente tendría. Me es claro que Juan el bautista no consideraba la membresía en la comunidad mesiánica como un asunto patrimonial, ¿verdad? No quiso bautizar a judíos impenitentes. Yo creo que esto es una mejor pareja para el bautismo del Nuevo Testamento.

MacArthur no es el único que tanto desparpajo teológico vincula el bautismo de Juan y el bautismo cristiano. Grudem, en su teología sistemática, hace lo mismo, excepto que la preocupación de Grudem es como el bautismo de Juan funciona como un patrón para el bautismo cristiano referente el modo y no hace comentario vinculando los dos en cuanto al significado. Strong en más de una ocasión en su teología sistemática (Strong, Augustus Hopkins. Systematic Theology. Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1907, 943) relaciona el significado del bautismo de Juan con el del bautismo cristiano. Su argumento, aunque se hace con más cuidado que el de MacArthur, todavía sufre de la misma superficialidad exegética. Su argumento se puede resumir de la siguiente manera (con comentario mío en paréntesis):

  1. Los dos bautismos comparten los siguientes elementos en común:
    1. Los dos son bautismos en agua (de acuerdo)
    2. Los dos son bautismos por inmersión (con respecto al modo del bautismo de Juan esto es casi imposible de probar del texto mismo…)
    3. Los dos bautismos señalan la persona y obra de Jesucristo (de acuerdo)
    4. Los dos bautismos simbolizan arrepentimiento y fe (de acuerdo, excepto es un error interpretativo y bíblico-teológico limitar el significado del bautismo cristiano a estos dos elementos)
    5. Los dos bautismos simbolizan muerte y resurrección (en la medida que señalan la persona y obra de Cristo, claro conllevan este significado, sin embargo, esto no es EL significado de uno o ambos bautismos, ya que hay otros significados claramente designados en la Escritura. Esta afirmación es un error proveniente de la importancia que la doctrina bautista pone sobre el modo de su administración).
  2. Por lo tanto, porque comparten en común los siguientes puntos, el bautismo de Juan es un patrón para el bautismo cristiano, el segundo siendo la contraparte del primero.

No se niega que Strong (y MacArthur) han reconocido correctamente similitudes entre estos dos bautismos. Pero hay similitudes entre el holocausto y el bautismo cristiano (y el de Juan) también:

  1. El bautismo cristiano (y el de Juan) son en agua y las entrañas y las piernas del holocausto son lavados en agua antes de ser ofrecidos a Jehová (Lev. 1:13).
  2. Este lavamiento ciertamente involucraba la inmersión o por lo menos la purificación de todas las entrañas y las piernas en agua, igual como alegan los bautistas que el bautismo es solo por inmersión.
  3. El holocausto señalaba la persona y obra de Jesucristo, igual que los bautismos de Juan y el cristiano.
  4. El holocausto requería fe y arrepentimiento de parte del pecado que lo ofrecía.
  5. El holocausto simbolizaba muerte y resurrección.

Estas relaciones entre el holocausto y el bautismo son reales y basadas en el texto bíblico. No obstante, solo el hecho de que hay similitudes entre cosas semejantes no implica un vínculo fuerte o natural entre las dos. Por ejemplo, a pesar de las muchas similitudes que podríamos hallar legítimamente entre diferentes ritos del Antiguo Testamento y el bautismo cristiano (o el de Juan), nadie propondrá que el holocausto que precede a los dos bautismos es por ende un patrón o la contraparte de ellos. Ahora bien, no niego que las conexiones entre el bautismo de Juan y el cristiano son más fuertes porque los dos son bautismos. No obstante, las similitudes que MacArthur, Grudem, Strong y otros señalan no surgen del texto de los cuatro evangelios, ni son exegéticamente establecidas, sino que traicionan una teología preestablecida que imponen sobre el texto bíblico. Este es un ejemplo de una ordenanza en busca de un patrón o antecedente a fin de establecer tanto su significado como su modo y administración correcta. Solo ofrezco las similitudes entre el holocausto y el bautismo para mostrar que dos cosas parecidas no por ende son idénticas ni textualmente (o bíblicamente) vinculadas.

Con toda sinceridad, los esfuerzos de MacArthur, Grudem, et. al. para establecer en el bautismo de Juan un patrón para el bautismo cristiano es muy superficial y exegética y teológicamente irresponsable. Lo digo así porque ninguno establece la relación con base en un exégesis de la vida, llamado o ministerio de Juan el Bautista, sino solo en las relaciones patentemente someras que creen que observan entre el bautismo de Juan y el bautismo cristiano. Para establecer 1) el significado y 2) la relación que el bautismo de Juan pueda tener con el cristiano, hay un trabajo exegético y bíbico-teológico que nos corresponde realizar primero.

Consideraciones preliminares

Antes que todo, y antes de explicar el significado del bautismo de Juan, eliminemos ciertos hombres de paja de nuestro análisis, comenzando con lo que el bautismo de Juan NO es o NO representa:

  1. Primero, el bautismo de Juan no es una especie del bautismo de prosélitos del periodo intertestamentario. Este bautismo fue practicado con gentiles que querían ser judíos. El concepto de su bautismo fue la purificación de la inmundicia del mundo pagano. Sin embargo, Fitzmyer (1981) cuestiona si este bautismo aún se practicaba en el primero siglo, pero más importante es que el bautismo de Juan no se dirigía a gentiles, sino a los hijos del pacto, a saber, a Israel. Él hablaba con las multitudes de judíos y con fariseos y saduceos. La meta de su bautismo fue preparar a Israel para la venida de Mesías (todos los evangelistas señalan este hecho). Leon Morris sugiere que es posible que hasta los fariseos hubieran visto el bautismo de Juan a la luz del bautismo de los prosélitos y viendo que él bautizaba a judíos como si fueran inmundos igual que los gentiles (Leon Morris, The Gospel according to John, Eerdmans Publishing Company, 1995, 123).
  2. Segundo, el bautismo de Juan no es una especie del bautismo practicada por la secta de los esenios, un movimiento judío conocido por su ascetismo extremo. Vemos que el bautismo de Juan era un solo bautismo y se repetía, mientras el bautismo de los esenios se repetía con frecuencia y la persona misma se bautizada enfrente de la comunidad, mientras que en el bautismo de Juan, Juan bautiza a los penitentes.
  3. Tercero, el significado del bautismo de Juan no es por defecto la muerte y resurrección. Esta idea de que el bautismo de Juan simboliza muerte y resurrección es el resultado de lo que se supone sobre su modo, a saber, por inmersión. No obstante, 1) el modo del bautismo de Juan simplemente no puede ser establecido del texto mismo, sino por inferencia, y así nadie debe afirmar con tanta seguridad cómo bautizaba Juan, y mucho menos debería inferir de un modo supuesto el significado. Lo que sí podemos decir sobre el significado del bautismo de Juan, si solo de manera somera, es que era un bautismo de arrepentimiento: “Y él fue por la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados” (Lucas 3:3). Así, lo que se puede decir sin profundizarnos más en este momento es lo siguiente: El bautismo de Juan fue un bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. No hay una sola mención de muerte ni resurrección en el texto. Si bien el significado va más allá de arrepentimiento para el perdón de pecados, también se aplicaba en el contexto de la amenaza de juicio y la promesa del Mesías venidero. Parece que el texto no se enfoca tanto en la práctica del bautismo, sino en el mensaje que lo acompañaba (Lucas 3:7-14; Mateo  3:7-10).
  4. El bautismo de Juan NO es un antecedente ni la contraparte del bautismo cristiano y por lo tanto no constituye un patrón para dicha ordenanza. Este punto se establece a continuación.

El bautismo de Juan no es la contraparte del bautismo cristiano

Es plenamente sorprendente que tantos teólogos tan capaces entre los hermanos bautistas, como los que ya hemos mencionado (también ver: http://www.the-highway.com/articleJan99.html, punto 7), vinculen el bautismo de Juan con el cristiano sin la menor consideración de lo que Juan el Bautista mismo dice sobre su propio bautismo. Juan mismo nos dice con qué bautismo corresponde el suyo (Lucas 3:16):

Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Todos los evangelios nos repite lo mismo que Juan bautizaba en agua, pero el que venía después de él, quien es más poderoso que él, bautizaba “en Espíritu Santo y fuego” (Mat. 3:11; Marcos emite “y fuego”, Mr. 1:8; y Juan también emite “y fuego”, Jn. 1:33). Así de la boca de Juan el Bautista mismo, su bautismo no prefiguraba el bautismo instituido por Jesús en Mateo 28, sino el bautismo hecho por Jesús mismo en Espíritu y fuego. En otras palabras, la contraparte del bautismo de Juan es el bautismo del Espíritu Santo.

En realidad, un análisis de los cuatro evangelios revela que entre el bautismo de Juan hasta la institución del bautismo cristiano por Jesucristo, el bautismo con agua como tal no es algo que se menciona o que se toma en cuenta. Por ejemplo, la palabra βαπτίζω siete veces en el evangelio de Mateo, seis veces en el relato de Juan y de ese momento hasta la así llamada “Gran Comisión”, no aparece ni una sola vez (Mt. 3:6, 11, 13, 14, 16; 28:19). En el evangelio de Marcos, aparte del relato de Juan el Bautista y la versión de Marcos de la Gran Comisión, βαπτίζω se encuentra dos veces. Una vez, su referencia clara es al lavamiento de las manos antes de comer (7:4) y la otra vez en Marcos 10:38, Jesús dice: “Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” El significado de la palabra en este contexto es parecido al uso que encontramos en el Antiguo Testamento en Isaías 21:4 que tenía un sentido muy figurativo de atemorizar, excepto en este caso Cristo parece hablar de sus padecimientos (no solo el hecho de su muerte, sino el conjunto de sus padecimientos en expiación por nuestros pecados). Así, en Mr. 10:38 es uso es figurativo y no se refiere a una práctica futura de bautismo con agua (Mr. 1:4, 5, 8, 9; 6:14, 24; 7:4; 10:38, 39; 16:16). En Lucas, todas las instancias de βαπτίζω se refieren al bautismo de Juan, salvo dos: 11:38 y 12:50. En Lucas 11:38, la referencia otra vez es a la práctica del lavamiento de las manos antes de comer y en 12:50, otra vez vemos el mismo uso figurativo referente a los padecimientos de Cristo en expiación por los pecados de su pueblo (Lc. 3:7, 12, 16, 21; 7:29, 30; 11:38; 12:50). Finalmente, en Juan βαπτίζω se utiliza trece veces, todas las cuales guardan alguna relación con el bautismo de Juan. Hay dos textos que merecen mención: se dice que los discípulos de Juan le dijeron que Jesús estaba bautizando y todos iban a él (3:26), y en otro lugar se dice que los fariseos aprendieron que Jesús estaba bautizando y haciendo más discípulos que Juan (4:1), aunque Juan quiere que el lector sepa que Jesús no bautizaba, sino sus discípulos eran los que bautizaban (4:2). Es solamente en este texto de Juan que posiblemente tenemos una prefigura de lo porvenir, pero todavía sería estirar demasiado el texto hacer demasiadas comparaciones entre este bautismo de los discípulos de Cristo y el bautismo que Cristo luego manda en Mateo 28. Lo interesante de notar aquí es la carencia de alusiones o referencias al bautismo cristiano. En cambio hay una abundancia de referencias al Espíritu Santo, su identificación con la obra y oficio de Jesucristo, además a su venida y propia obra.

El punto de todo lo anterior es esto: No se quiere negar que entre el bautismo de Juan y el cristiano existen muchos puntos de similitud. De verdad, existe una asociación o relación entre los dos bautismos (lo cual examinaremos en otro momento). Sin embargo, estas similitudes no constituyen un vínculo lo suficientemente fuerte como para establecer una identidad esencial entre sus respectivos significados. Además, el texto rebosa de claridad que la contraparte del bautismo de Juan es el bautismo del Espíritu Santo y fuego que Jesús mismo administraría. Finalmente, el punto de nuestro último análisis del contexto de los usos de βαπτίζω en los cuatro evangelios es que en los evangelios, no hay, salvo al final de dos de los evangelios, una mención alguna o alusión a la práctica futura del bautismo cristiano. Sin embargo, sí hay hartas referencias a la venida, persona, obra y poder del Espíritu Santo. Así el significado del bautismo de Juan se relaciona íntima e inseparablemente con el significado del bautismo del Espíritu Santo (Jn 14:16; 15:26; 16:7, por ejemplo, entre un sinfín más que una concordancia fácilmente podría iluminar).

El bautismo de Juan y el bautismo en Espíritu y fuego

El verdadero significado del bautismo de Juan se encuentra en su relación estrecha con el bautismo (no del Nuevo Testamento, como así lo llama MacArthur, ni con el cristiano, como así lo llamo yo) de Jesucristo, el cual es un bautismo administrado por él mismo en el Espíritu Santo y fuego. ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo al que refiere Juan?

Cuando la gente (en Lucas 3) comienza a preguntar si Juan podía ser el Cristo, Juan lo niega llanamente confesando la superioridad de Cristo en todo aspecto:

  1. viene uno más poderoso que yo (ἔρχεται δὲ ὁ ἰσχυρότερός μου): en este contexto Juan se humilla ante el pueblo diciendo que ni era digno de desatar la correa de su calzado. En el mundo antiguo, solamente los esclavos desataban la correa del cazado de su maestro, pero los judíos veían esta práctica como reprehensible y algo indigno de ellos. Además, los discípulos de los maestros hacían, según Morris, muchas tareas y servidumbres para sus maestros, ya que estos no cobraban por su enseñanza y este servicio era una forma de recompensarlo. Sin embargo, una cosa que ningún discípulo habría hecho fue humillarse tanto para desatar la correo del calzado de su maestro. Según Morris (124), hay un dicho rabínico que dice: “Cada servicio realizado por un esclavo a su maestro, también hará un discípulo a su maestro, salvo el desatar la correa de su calzado” (c.250 a.C.). Así Juan muestra su gran humildad frente al Cristo que no era nada ni digno del servicio más humillante. Cristo en todo sentido es superior y más poderoso que Juan.
  2. Su bautismo es mejor: Juan responde al interrogatorio de la multitud diciendo: “Yo a la verdad os bautizo en agua” (ἐγὼ μὲν ὕδατι βαπτίζω ὑμᾶς), pero viene uno…; él os bautizará en Espíritu y fuego” (αὐτὸς ὑμᾶς βαπτίσει ἐν πνεύματι ἁγίῳ καὶ πυρί). El bautismo de Jesús es superior al de Juan porque no es en agua, sino en Espíritu y fuego.
  3. Finalmente, la superioridad de Jesús a Juan se ve en que Jesús es el Juez que viene a traer el juicio del que Juan le advertía a la multitud: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.” (Lucas 3:17).

La superioridad del bautismo de Jesús es evidente del texto. Sin embargo, cabe hacer las preguntas: ¿Qué es el bautismo en Espíritu y en fuego? y ¿Por qué es superior al de Juan? o ¿Qué continuidad y discontinuidad existen entre estos dos bautismos?

¿Qué es el bautismo en Espíritu y fuego?

El gran contraste entre Juan y Jesús es el bautismo que cada uno administra respectivamente y el bautismo en Espíritu Santo, ya profetizado en el Antiguo Testamento, se asocia con la persona del Mesías. Darrell Bock ofrece cuatro perspectivas diferentes sobre la identidad de este bautismo (Darrell Bock, Baker Exegetical Commentary on the New Testament: Luke 1:1-9:50, Grand Rapids, MI: Baker Academic, 1994, 322):

  1.  La referencia es al día de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo y la distribución del Espíritu como llamas de fuego sobre lo que confiaron en Jesús.
  2. Algunos ven en este texto solo una referencia al juicio venidero.
  3. Se refiere a dos bautismos distintos: un bautismo de salvación (en Espíritu) y otro de juicio (en fuego).
  4. Se refiere a un solo bautismo, un bautismo que divide toda la humanidad en dos a fin de que el Espíritu more con los hijos de Dios.

Lo anterior es un resumen de los argumentos que Bock presenta en su comentario. Él mismo rechaza los primeros tres y da buenos argumentos a su contra. El lector puede consultar su comentario para un análisis más detallado. Bock prefiere el cuatro por las siguientes razones (otra vez, en resumen):

  1. La esperanza del Nuevo Pacto se asociaba con el Espíritu en los últimos días (Joel 2; Ezeq. 36; Isa. 32; Jer. 31:31-33).
  2. La conjunción καὶ (y) relaciona el Espíritu con fuego en la frase ἐν πνεύματι ἁγίῳ καὶ πυρί (en penumati kai puri), en Espíritu Santo y fuego, sugiriendo un solo bautismo que consta de dos elementos.
  3. Isaías 4:4-5 anticipa este bautismo, donde el Espíritu y fuego son asociados juntos con el bautismo del pueblo por Dios mismo y se relaciona con la purificación del pueblo o la purgación de la inmundicia del pueblo por un espíritu de juicio y un espíritu abrasador: “Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sion y haya limpiado la sangre derramada de en medio de Jerusalén con el espíritu del juicio y el espíritu abrasador; entonces el Señor creará sobre todo lugar del monte Sion y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche; porque sobre toda la gloria habrá un dosel; será un cobertizo para dar sombra contra el calor del día, y refugio y protección1 contra la tormenta y la lluvia.” (BLA)
  4. Este bautismo decisivo comenzó con la predicación de la salvación en día de pentecostés con el mensaje de la salvación en Jesús, y fue ofrecido de ahí en adelante continuamente mediante el Evangelio y la recepción del Espíritu que da dones y protege a su pueblo del juicio (Hechos 2:38-40).
  5. Juan es simplemente una figura preparatoria para Aquel que trae el verdadero bautismo.

Me parece que la opinión de Bock está bien establecida en la Escritura. Sin embargo, añadirá otro énfasis importante: El bautismo del Espíritu Santo es la venida del Espíritu para morar permanentemente con su pueblo. La venida de Cristo fue el comienza del escaton y el Espíritu Santo es asociado en el Antiguo Testamento con el amanecer de los últimos tiempos (nótese también las referencias al lavamiento, rociamiento o limpieza que acompaña la venida del Espíritu de Jehová. En otras palabras, nótese la prefiguración del bautismo de Jesús en Espíritu y fuego en las profecías del Viejo Pacto):

  • Isaías 32:15-16: “…hasta que se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto, el desierto se convierta en campo fértil y el campo fértil sea considerado como bosque. En el desierto morará el derecho, y la justicia habitará en el campo fértil.” El lector se fijará también en el lenguaje metafórico sobre el derecho y la justicia que morarán y habitarán en la tierra, lo cual es relacionado con la venida del Espíritu para renovar a su pueblo.
  •  Isaías 44:1-5: “Mas ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo he escogidoAsí dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará: “No temas, Jacob, siervo míoni tú, Jesurún, a quien he escogido. “Porque derramaré agua sobre la tierra sedientay torrentes sobre la tierra secaderramaré mi Espíritu sobre tu posteridady mi bendición sobre tus descendientes“Ellos brotarán entre la hierba como sauces junto a corrientes de agua.” Este dirá: “Yo soy del Señor”, otro invocará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: “Del Señor soy” y se llamará con el nombre de Israel.” El lector notará también la relación que existe entre derramamiento de “agua” figurativamente representando el derramamiento de “mi Espíritu” sobre tu posteridad. También vemos el efecto de derramar su Espíritu sobre su pueblo: invocan el nombre del Señor (Hechos 2:21; Romanos 10:13).
  • Ezequiel 36:25-27: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” El lector notará también que el bautismo de Jehová de su pueblo (que es por aspersión 🙂 es representado por agua, el cual simboliza la regeneración del pueblo por el Espíritu y la obediencia de su pueblo, por este Espíritu, a los estatutos y leyes de Jehová. El lenguaje es parecido al lenguaje del Nuevo Pacto que se encuentra tanto en Jeremías como en Hebreos y se refiere al bautismo que Dios mismo administra internamente en el corazón y se asocia con la morada del Espíritu dentro del pueblo de Dios (“pondré dentro de vosotros”).
  • El lector también puede consultar: Joel 2:28-32.

Que el Mesías y su bautismo en Espíritu (y fuego) son asociados en el Antiguo Testamento con la esperanza de los últimos tiempos, la época que Jesús inició en su primera venida, solo es necesaria una reflexión somera sobre la evidencia del Antiguo Testamento.

La referencia a fuego en Lucas 3:16 a lo mejor no se refiere a juicio, sino a la purificación o a purgación. Aunque fuego es predomina como símbolo de juicio en el Antiguo Testamento, cuando corresponde a la salvación del pueblo de Dios, se vuelve un símbolo de purificación y el resultado de este fuego es justicia y santidad (Isa. 1:25; Zac. 13:9; Mal. 3:2-3). De esto habla Pedro también cuando dice que la fe de los creyentes sería probada “con fuego” para ser “hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Ped. 1:7).

Así en suma, el bautismo del Espíritu Santo, que es bautismo superior de Jesús (y de Jehová en el AT), es la venida del Espíritu Santo de Cristo para morar permanentemente con su pueblo a fin de perdonar sus pecados, regenerar sus corazones, santificarlos para la obediencia de la fe en Jesucristo, limpiarlos de la inmundicia del mundo y protegerlos del juicio venidero. Comenzó el día de Pentecostés y continua hasta hoy mediante la predicación del Evangelio y la obra del Espíritu en los corazones de los hombres. Este es el verdadero bautismo de Jesús que aplicó en aquel entonces y que él mismo continua aplicando hoy mediante su Santo Evangelio y Espíritu.

¿Por qué es superior el bautismo de Jesús al de Juan?

Como pregunta final en esta publicación, nos corresponde preguntar por qué el bautismo de Jesús en Espíritu y fuego es superior al de Juan y ¿qué implicación tiene el significado del bautismo de Jesús para el del bautismo de Juan?

Como hemos afirmado anteriormente, el significado del bautismo de Juan está ligado estrechamente al significado del bautismo de Jesús. Habiendo explicado el bautismo de Jesús en Espíritu y fuego, apliquemos lo que sabemos a lo que hacía Juan el Bautista. La superioridad del bautismo de Jesús se observa en lo siguiente:

  1. Aunque el bautismo de Juan de arrepentimiento para pecados y los que vinieron arrepentidos y fueron bautizados, seguramente recibieron perdón y regeneración, solo lo recibieron así por su fe en lo que el bautismo de Juan señalaba (la verdadera regeneración y purificación de pecados mediante el Espíritu de Cristo y aplicado por su propia mano).
  2. El bautismo de Juan todavía pertenece al Viejo Pacto, al Antiguo Testamento, a los tipos y las sobras que prefiguraban al Cristo que había de venir y su obra, mientras que el bautismo de Cristo es la completitud de todas las promesas y la plenitud de todas las bendiciones de la aplicación de lo que Cristo nos ganó por su obra expiatoria y resurrección de entre los muertos.
  3. Finalmente, el bautismo del Espíritu se debe comprender como una función del oficio de Cristo como Rey, ya que no envía a su Espíritu hasta que ya hubo subido y sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. El bautismo de Juan se realizó en gran humildad siendo nada más una preparación para la venida del Rey (Isaías 3:4-6; 40:3-5; Lucas 3:4-6) y el bautismo del Espíritu se podría entender como la celebración de su coronación celestial y declaración pública, poderosa y universal de su señorío, poder y autoridad sobre su creación, además del inicio de una nueva creación en la cual morará la justicia del Rey.

De lo anteriormente analizado, podemos ver lo que era el significado del bautismo de Juan. Primero, señalaba, no el bautismo cristiano, sino el bautismo del Espíritu Santo de Jesucristo. El bautismo de Juan representaba el perdón de pecados mediante el arrepentimiento, la regeneración de un nuevo corazón y una nueva naturaleza y una nueva vida de obediencia, purificados de las inmundicias del mundo y de la vieja naturaleza o del viejo hombre, todo lo cual Jesús mismo realiza mediante su Espíritu abrasador que obra por medio de su Santa Palabra para el arrepentimiento del pecador, el perdón de pecados, la regeneración de su naturaleza como una nueva criatura y una nueva obediencia de fe y amor para con Dios en Cristo.

En suma

Esto es el verdadero significado de estos dos bautismos, y su significado es independiente del modo de su administración. En realidad, el modo no influye para nada en su significado. Su significado es completo y entendible aparte del modo, por el cual ninguno de los evangelistas se preocupa ni enfatiza en ninguno de los cuatro evangelios (o Hechos). Tampoco se puede usar el bautismo de Juan como patrón para el bautismo cristiano. No digo que no haya una relación entre el bautismo de Juan y el bautismo cristiano (tal como lo hay entre el cristiano y el del Espíritu Santo), pero son idénticos ni existe un patrón en el de Juan que nos indique 1) el significado exacto del bautismo cristiano; 2) los recipientes del bautismo cristiano o 3) el modo de la administración del bautismo cristiano.

Así, no concordamos con MacArthur que al rechazar la circuncisión como antecedente del bautismo cristiano, nos ofrece el bautismo de Juan. Se puede dejar en el aire por el momento la cuestión de la relación entre la circuncisión y el bautismo cristiano. Lo que se puede afirmar sin lugar a dudas es que el bautismo de Juan no lo es y no cumple con todas las expectativas que MacArthur pretende imbuirle.

Finalmente, no cometamos el error de una anacronismo simbólico. Un anacronismo es algo que no corresponde al tiempo o la época a la que se hace referencia. En otras palabras, el bautismo cristiano con su simbolismo y significado bíblicos no se contemplaba en el bautismo de Juan y no fue instituido hasta la ascensión de Jesús, ni practicado hasta el día de pentecostés. Así, atribuirle un sentido al bautismo de Juan que solo luego encontramos en el bautismo cristiano es peligroso y confuso. Cualquier relación que exista entre estos dos bautismos tiene ser establecido textual y bíblicamente, no superficialmente por el mero hecho de que los dos son bautismos y se hacen referencia al arrepentimiento y fe. Además, no olvidemos que textualmente, la contraparte del bautismo de Juan es al bautismo de Jesús en Espíritu y fuego. Así, cualquier relación que guarda con el bautismo cristiano, una práctica que fue establecido años después, tiene que surgir de esta relación textualmente establecido y no de meras apariencias.

[PD. Hay otros aspectos del relato de Juan el Bautista que brinda más apoyo a esta tesis aquí presentada que no tienen que ver directamente con el bautismo de Juan, sino con el propósito general por el que fue enviado por Dios, a saber, su oficio, su llamado y su mensaje (el cual parece que todos los evangelistas enfatizan sobre su bautismo mismo; el bautismo de Juan siendo, no el enfoque de su ministerio, sino el sello de su mensaje profético y preparatorio). Estos aspectos de Juan, su mensaje y su bautismo serán analizados en otra publicación.]

El bautismo en el Antiguo Testamento

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Durante los últimos tres años de mi pastorado en la Iglesia Presbiteriana y Reformada de Cartago en Cartago, Costa Rica, una gran parte de mi labor y consejo pastoral se ha prestado a la defensa de nuestra práctica del paedobautismo. En 2011, en el boletín teológico Reforma Siglo 21 (publicado por la Editorial CLIR, http://www.clir.net) se publicó un artículo que redacté sobre los recipientes bíblicos del bautismo, en el cual argumento que los recipientes apropiados del bautismo cristiano son “discípulos”, los cuales bíblicamente son adultos que profesan su fe públicamente en Cristo y sus hijos. Si el lector desea leer ese artículo lo puede descargar aquí. No obstante, en mis muchas conversaciones con nuevos miembros de nuestra iglesia (la gran mayoría de los cuales vienen de iglesias pentecostales, bautistas u otras independientes de corte bautista), han surgido una multitud de otras preguntas que en estas publicaciones quisiera tratar. Mi objetivo es la claridad, no necesariamente la polémica como tal. Tengo muchos amigos pastores bautistas que respeto bastante por su piedad, amor por el Evangelio y celo por el evangelismo. Sin embargo, discrepo con ellos en cuanto al modo y significado del bautismo tal como el asunto de los recipientes bíblicos de este sacramento (entiendo por la palabra sacramento lo que afirma en el Catecismo menor de Westminster, pregunta 92: “P. ¿Qué es un sacramento? R. Un sacramento es una ordenanza sagrada instituida por Cristo; en la cual, mediante signos perceptibles, Cristo y los beneficios del Nuevo Pacto, son representados, sellados y aplicados a los creyentes.” Así yo [igual que varios bautistas como Wayne Grudem en su Teología Sistemática, cáp. 49] considero que las dos palabras son sinónimos.). Así ofrezco las siguientes publicaciones sobre varias cuestiones concernientes el tema del bautismo cristiano en un espíritu de humildad y hermandad. Aunque mi artículo publicado en 2011 no fue recibido en la comunidad bautista (reformada) con mucha alegría (muy al contrario, ya que recibimos muchas quejas por correo electrónico, algunas de las cuales fueron menos caritativas que uno hubiera esperado de creyentes o pastores reformados), no pretendo emprender una guerra con mis hermanos bautistas ni provocar disensiones indeseadas con ellos. Mi propósito es la claridad y comprensión que debe existir entre hermanos de diferentes opiniones. Habiendo aclarado mis intenciones, además del espíritu en el cual ofrezco los siguientes pensamientos sobre este tema de tanta importancia (y lastimosamente, de tanta división) para la Iglesia cristiana.

El bautismo como tal no es propio de la Iglesia cristiana. Fue practicada también en el Antiguo Testamento (y no solo por los judíos, sino también por otras naciones paganas como rito cultivo). Las observaciones que se ofrecen a continuación radican en el modo y en el significado de esta práctica, no tanto entre los paganos, sino entre los creyentes del Viejo Pacto. Ya que el modo de bautismo para los bautistas (de cualquier corte que sean) es un aspecto esencial de su doctrina y práctica del sacramento, cabe analizar el trasfondo de él en las Sagradas Escrituras. Es inevitable profundizarme hasta cierto punto en la etimología de ciertas palabras y en asuntos de la traducción (especialmente con respecto a la traducción del hebreo al griego en la LXX). Sin embargo, lo siguiente se enfocará sobre todo en un análisis de textos claves los cuales intentaremos aplicar a cuestiones referentes al bautismo cristiano y en particular la práctica del paedobautismo. Y mientras que yo no creo que el modo del bautismo como tal sea vital, parece ser vital para muchos (a saber, Grudem), tanto como un apoyo para la práctica del credobautismo como para su significado. Los así llamados inmersionistas insisten en que el único modo bíblico es la inmersión en agua del bautizado. Si se acepta como bíblica esta postura, parece excluir ipso facto la posibilidad del paedobatismo como una práctica válida. No obstante, aunque analizaremos esta afirmación de los creobautistas, mantengo la creencia que el tema de mayor importancia es lo que el bautismo simboliza o significa para el bautizado. Sin embargo, en la medida en que el modo influye en el significado, la siguiente conversación coge importancia.

¿Qué dicen los bautistas con respecto al modo del bautismo?

En su Teología Sistemática, el Dr. Grudem afirma con vehemencia dogmática que:

La práctica del bautismo en el Nuevo Testamento se realizaba sólo de una manera: la persona que era bautizada era sumergida o puesta completamente bajo el agua y después sacada de nuevo. El bautismo por inmersión es por consiguiente el “modo” del bautismo o la manera en que el bautismo se realizaba en el Nuevo Testamento (Teología Sistemática, cap.49)

Augustus Strong en su Teología Sistemática (Strong, Augustus Hopkins. Systematic Theology. Philadelphia: American Baptist Publication Society, 1907.) afirma con más seguridad:

2. El modo del bautismo

Esto es por inmersión, y por inmersión solamente.(T.S. III.3.A)

Algunas de las razones que ofrece para esta afirmación son las siguientes:

  1. El significado original de la palabra βαπτίζω significa sumergir. Refiere los padres apostólicos y los traductores de la Septuaginta.
  2. Cada pasaje del Nuevo Testamento en el que la palabra aparece o exige o permite esta traducción.
  3. La ausencia de cualquier uso de esta palabra en forma pasiva confirma la conclusión que βαπτίζω significa “sumergir” porque nunca se dice que el agua fue bautizado sobre el creyente.
  4. De la doctrina y práctica de la Iglesia Ortodoxa Griega.

Con base en estos argumentos y otros de importancia secundaria, Strong argumenta que esta es la práctica bíblica y que nunca iglesia tiene derecho de desviarse del mandamiento claro de Jesucristo. Mucho se podría decir con respecto a estos argumentos, no obstante, el solo hecho de referirlos (por menos conscientes que sean) basta para mostrar la importancia del modo del bautismo para la práctica credobautista.

El teólogo John Murray resume el asunto de la siguiente manera:

Referente al modo del bautismo, el asunto es si un modo en particular de aplicar el agua o de relacionar a la persona con el agua es de la esencia de su simbolismo. El argumento bautista es que el modo es de la esencia del simbolismo y ya que “bautizar” significa sumergir, el bautismo no se administra correctamente mediante cualquier otro modo. El argumento bautista se fundamenta principalmente sobre dos afirmaciones: (1) que βαπτίζω significa sumergir y (2) que pasajes como Romanos 6:3-6 y Colosenses 2:11, 12 claramente implican que la muerte y resurrección de Cristo nos brinda un patrón para el sumergir en y salir del agua (WTJ 13:2 (May 1951), 112.)

La cuestión que aquí se tratará es si el argumento bautista con respecto al significado de la palabra βαπτίζω, en particular en la Septuaginta, tiene validez. Esto es importante por las siguientes razones:

  1. La práctica del antiguo testamento nos aprovisiona de los antecedentes para el entendimiento de la práctica en el Nuevo Testamento.
  2. Si se puede demostrar que la afirmación bautista que el modo y el simbolismo son inseparables no es un argumento convincente, por lo menos abre la puerta al lector intelectual y bíblicamente honesto para considerar la validez de otras alternativas, a saber, el paedobautismo.

Los usos y el significado de βαπτίζω en la Septuaginta (LXX)

La palabra βαπτίζω ocurre muy pocas veces en el Antiguo Testamento. De hecho, solo aparece dos veces en total (2 Reyes 5:14 y Isaías 21:4). Isaías 21:4 dice:

Se pasmó mi corazón, el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me volvió en espanto.

βαπτίζω es la traducción dada a la palabra בעת (bā∙ʿǎṯ) en el piel en el hebreo que significa “asustar, aterrorizar”. El diccionario de idiomas bíblicas: hebreo (Swanson, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos: Hebreo. Bellingham, WA: Lexham Press, 2014.) da la siguiente definición de בָּעַת (bā∙ʿǎṯ):

(piel) atormentar, aterrorizar, o sea, causar gran miedo (1 Sam 16:14, 15; Job 7:14; 9:34; 13:11, 21; 15:24; 18:11; 33:7+)

Sin lugar a dudas, los traductores de la LXX están usando βαπτίζω de forma figurativa (καὶ ἡ ἀνομία με βαπτίζει, y la iniquidad me sumerge). En todo caso, este uso figurativo no da una base muy sólida para derivar un significado o uso firme de la palabra ya que la idea es metafórica y no literal.

El único otro uso de βαπτίζω en la LXX se encuentra en 2 Reyes 5:14 donde el profeta Eliseo instruye a Naamán: “Ve y lávate siete veces en el Jordán” (2 R. 5:10; ver también 5:13). El profeta le instruye que se lavara en las aguas del Jordán. La palabra “lavarse” es una traducción del hebreo רחץ la cual significa (Swanson, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos: Hebreo. Bellingham, WA: Lexham Press, 2014.):

(qal) lavado, baño, o sea, eliminar la suciedad y las impurezas usando agua y, posiblemente, otros agentes de limpieza, ya sea sumergido en una masa de agua o con menores cantidades de agua, usados ambos como higiene personal normal y como ritual ceremonial

La traducción de la LXX es λούω y según Swanson la palabra significa “lavar, bañar, o lavar frotando con esponja” (Swanson, James. Diccionario de Idiomas Bı́blicos: Griego (Nuevo Testamento). Bellingham, WA: Logos Bible Software, 1997.). Cuando Naamán se queja de que el profeta no hizo un gran espectáculo para sanar su lepra se fue enojado, pero sus siervos le dijeron: “Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate (nótese el uso de λούω aquí también), y serás limpio?” Subsecuentemente Naamán, haciéndole caso al consejo de sus siervos, fue y “se bautizó” siete veces en el Jordán “conforme a la palabra del varón de Dios” (5:14).

Aunque nuestras traducciones en español implican sumersión (p.ej. “zambullir” en la RV60 y “sumergirse” en la BLA), sin embargo, el exegeta cuidadoso evitará la tentación de imponer el significado lingüístico del lema zambullir o sumergirse en la palabra βαπτίζω en v.14. El lector ha de tomar en cuenta que es el contexto inmediato que determina el significado de cualquier vocablo determinado en cualquier texto dado. En 2 Reyes 5:14, la mejor traducción de βαπτίζω es simplemente: “se lavó”. Las razones por esta traducción son las siguientes:

  1. La cercanía de la acción βαπτίζω con los dos mandatos de Eliseo y de los siervos de “lavarse” (λοῦσαι, lávate, vv.10, 13).
  2. La afirmación de la Biblia que Naamán hizo “conforme a la palabra del varón de Dios” (v.14). La palabra del varón de Dios no fue “Ve y sumérgete en el Jordán”, sino “Ve y lávate”. Los siervos de Naamán tampoco interpretaron las palabras del profeta como “sumergirse”, sino repiten lo que dijo el profeta: “Ve y lávate”, en todo caso utilizando el vocablo λούω. Lo más que podemos decir es que el “bautismo” séptuplo de Naamán en las aguas del Jordán fue exactamente eso: un lavamiento. No hay indicación alguna en este texto que el profeta mandó a Naamán sumergirse completamente en las aguas, ni sugerencia alguna que así lo entendió Naamán. Si Naamán hizo “conforme con la palabra del varón de Dios”, lo más que podemos decir es que “se lavó” siete veces en las aguas de río.
  3. No hay otra palabra en el texto que indica que Naamán se haya sumergido completamente en las aguas de Jordán. La palabra καταβαίνω, katabainō, (καὶ κατέβη Ναιμαν καὶ ἐβαπτίσατο ἐν τῷ Ιορδάνῃ) significa “bajar o descender” y significa movimiento hacia algún lugar o punto. Lo único que nos dice es que viajó hasta el río.

Una observación final, pero no menos importante es que βαπτίζω traduce la palabra תבל que significa “colocar un objeto sólido dentro de una masa líquida como resultado que parte de la masa líquida se adhiere al objeto sólido” (Swanson, James. Diccionario de Idiomas Bíblicos: Hebreo. Bellingham, WA: Lexham Press, 2014.). La palabra puede significar también bañarse o remojar. Pero no significa ipso facto “sumergir completamente”, aunque a veces sí tiene este significado. El punto es que su significado ha de determinarse por el contexto. Además, en el Antiguo Testamento תבל comúnmente se traduce con el vocablo βάπτω, el cual tiene un rango semántico más variado.

En suma, lo más que se puede concluir de este texto es que Naamán se lavó o se bañó en el Jordán. El modo de su lavamiento es prácticamente imposible de derivar del contexto. Decir más sería pura especulación y se tendería a la falacia que D.A. Carson llama “saltos asociativos injustificados”, la cual es “cuando una palabra o frase provoca una idea asociada, un concepto, o una experiencia que no tiene una relación directa con el texto en sí, pero que no obstante se utiliza para interpretar el texto” (D.A. Carson, Falacias exigencias. (Barcelona: Editorial CLIE, 2013), 120). O en el peor de los casos, especular de más sobre la importancia de este texto para el modo del bautismo traicionaría un exégesis irresponsable que simplemente impone sobre el texto las presuposiciones o teología preestablecida del intérprete.

Hasta aquí la carrera de βαπτίζω en el Antiguo Testamento.

¿Dónde están los bautismos, pues?: βάπτω/תבל

Sabemos que hay bautismos en el Antiguo Testamento, pero se nos ha agotado los usos de βαπτίζω (LXX). Entonces, ¿dónde están? Hebreos nos confirma su existencia (Hebreos 9:9-10):

Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, 1ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones (διαφόροις βαπτισμοῖς), y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.

Hebreos dice que había diversos bautismos en el culto del templo. ¿Cuáles eran estos bautismos?

En la LXX, la palabra que más se traduce como “sumergir” es βάπτω y aparece 18 veces en la LXX, la mayoría siendo una traducción del vocablo תבל (anteriormente mencionado). De acuerdo con Murray (anteriomente citado), no queda duda que תבל significa sumergir y también inmergir, hunir en algún líquido. La cuestión que nos corresponde contestar es si תבל necesariamente significa una inmersión completa como  lo entienden los bautistas. Se puede demostrar de la evidencia textual que תבל (y su traducción correspondiente βάπτω en griego) no significa por necesidad una inmersión total de la manera bautista. En este punto cabe mencionar que existe un límite lingüístico con respecto al español que no tiene una palabra que equivale la palabra “to dip” en inglés, la cual se usa normalmente para traducir βάπτω (תבל) en el AT. El concepto no es propiamente sumergir, cuya conotación es hundir o meter algo debajo de un líquido. El verbo “to dip” realmente significa meter algún objeto en un líquido, pero no necesariamente en su totalidad. “To dip” es un mejor equivalencia de βάπτω (תבל) que “sumergir” y este problema se resuelve en el RV60 mediante la traducción “mojar” o “meter” y así de las 18 veces que βάπτω aparece en el AT, se traduce como “mojar” 14 veces, y NO como sumergir, hundir (excepto en una sola ocación: Job 9:31), zambullir, inmergir o inundar. Las otras traducciones de esta palabra incluyen: “meter” (2 veces), “enrojecer” (una vez), hundir (una vez). La implicación clara de esta evidencia es que βάπτω/תבל, aunque puede conllevar la idea de inmersión no se debe por necesidad relacionarse con esta acción. Al contrario, y como será demostrado a continuación, el significado de estas palabras en el contexto de los bautismos del AT es una mojadura y no una inmersión total de un objeto en algún líquido, sea agua o sangre. Es más, lo que la evidencia demostrará es que el “bautismo” mismo casi siempre se efectuará mediante un rociamiento del objeto con el líquido y no una sumersión de él  en el líquido mismo. No es necesario evaluar todo texto, ya que un análisis de unos cuantos establecerá el caso.

Levítico 14:48-53

48Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 49Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; 50y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. 51Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. 52Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. 53Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.

En el texto anterior, para limpiar una casas con plaga, el sacerdote examina la casas que ya está limpia, y para la purificación de la casa, el sacerdote primero declara limpia la casas, degollar una avecilla y toma la madre de cedro y el hisopo y la grana y los “mojará” (βάπτω/תבל) en la sangre y en el agua corriente y “rociará la casa siete veces” y rociando la casa y soltando la otra avecilla viva, la casa queda limpia. Lo que hemos de observar es que el bautismo de este texto no es propiamente el mojar el cedro, hisopo y la grana, sino el rociamiento de la casa siente veces. Lo bautizado no es el instrumento, sino la casa. La casa es bautizada para su purificación y eso no por inmersipón, sino por rociamiento. También se nota que el significado de este bautismo guarda relación, primero con muerte (es decir, sacrificio) y segundo con purificación. Aquí vemos tanto el modo como el significado: muerte y purificación, o si el lector permite: muerte y resurrección a nueva vida.

Levítico 9:8-11

8Entonces se acercó Aarón al altar y degolló el becerro de la expiación que era por él. 9Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso de ella sobre los cuernos del altar, y derramó el resto de la sangre al pie del altar. 10E hizo arder sobre el altar la grosura con los riñones y la grosura del hígado de la expiación, como Jehová lo había mandado a Moisés. 11Mas la carne y la piel las quemó al fuego fuera del campamento.

En este texto vemos lo mismo que Aarón metió su dedo en la sangre, mojándolo () y luego purificó los cuernos del altar con la sangre. La purificación no fue el dedo, sino el altar y fue parte de la expiación por los pecados. Es de notar que Aarón no se sumergió en la sangre, sino metió el dedo solamente y con la sangre hizo purificación. Así vemos que la expiación fue por medio de aplicación o rociamiento de sangre. Así el bautismo simbolizaba tanto muerte (paga por los pecados) y purificación (nueva vida).

1 Samuel 14:27

27Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.

En este texto, Jonatán moja (bautizó, καὶ ἔβαψεν αὐτὸ εἰς) en el panal de miel la vara. No es lógico que metió toda la vara al panal de miel. Así el “bautismo” no era una sumersión completa de la vara, sino parcial. Así βάπτω εἰς no requiere una inmersión completa, sino solo parcial.

Números 19:17-19

17Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación, y echarán sobre ella agua corriente en un recipiente; 18y un hombre limpio tomará hisopo, y lo mojará en el agua, y rociará sobre la tienda, sobre todos los muebles, sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o el asesinado, o el muerto, o el sepulcro. 19Y el limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día; y cuando lo haya purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será limpio a la noche.

Un análisis del texto anterior revela lo siguiente:

  1. Para la purificación del inmundo, toman de la ceniza de la vaca de la expiación y “echarán sobre ella agua corriente” y lo echan sobre la vaca la agua corriente y un hombre limpio tomará el hisopo y lo “mojará” (βάπτω) en agua y la “rociará” sobre la tienda, los muebles y las personas y sobre cualquier persona que tuvo contacto con la muerte (es decir, es la tienda, los muebles, la tienda y las personas que fueron bautizados de verdad con el agua mediante rociamiento). Y este rociamiento (o bautismo) se asocia con un lavamiento de las cosas inmundas con agua para su purificación. Dos palabras se utilizan para efectuar la purificación: πλύνω (lavar) y λούω (lavar, bañarse, o lavar frotando con esponja), y por medio de este rociamiento, las personas u objetos quedaron purificados.
  2. El énfasis de este texto no es el modo de inmersión, sino la purificación de lo inmundo mediante rociamiento y lavamiento, y ambos términos tienen dos características en común: 1) efectúan la purificación del inmundo y 2) ninguna sugiere de forma alguna la inmersión de aquello que se purificaba mediante este rito.

Levítico 14:6

Trataremos un texto más de aquellos en los que תבל se traduce como βάπτω. Levítico 14:1-9 nos instruye en cuanto a la purificación de un leproso cuando haya sido sanado de la lepra. Antes de poder reintegrarse en la comunidad, el sacerdote tenía que salir del campamento para examinar al leproso que ya no tenía la lepra. Cuando fuera confirmado, el hombre tenía que ser purificado según la ley de Moisés:

  1. el hombre que se habría de purificar tenía que presentar dos avecillas vivas y limpias, madera de cedro, grana e hisopo.
  2. El sacerdote mataba una de las avecillas en un vaso de barro sobre aguas corrientes.
  3. Después tomaba la avecilla viva, el cedro y la grana y el hisopo y los mojaba (βάψει εἰς) junto con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta, sobre las corrientes de aguas.
  4. Acto seguido, el sacerdote debía rociar la sangre siete veces sobre el que se purificaba de la lepra y al rociarle con la sangre, el sacerdote lo declaraba limpio.
  5. Como acto final del sacerdote, suelta la avecilla viva en el campo.

En breve, esto fue el proceso del rito de purificación de la lepra. Involucraba un bautismo para la purificación, pero lo bautizado/purificado no fue la avecilla, el cedro, la grana ni el hisopo. Estos de verdad se mojaron o fueron metidos en la sangre, pero fue el que se habría de purificar que fue rociado siete veces y por decirlo así “bautizado” con la sangre para poder ser declarado limpio. Otra vez, lo bautizado no fue lo que se metió en el líquido, sino aquel o aquello que fue rociado con la sangre por los instrumentos mojados.

Una nota final sobre este texto. He aquí un caso en el que es virtualmente imposible que βάπτω significa inmersión. De la cantidad de sangre que se podía sacar de una avecilla, no es concebible que tanto el cedro como la otra avecilla viva (la cual debe quedar viva y no ahogada) y la grana y el hisopo pudieran “sumergirse” en tan poca sangre. Así por la mera lógica, βάπτω no puede significar inmersión.

Además, se debe notar que en esta instancia (y en Lev. 14:51), la avecilla viva tenía que ser bautizado en/dentro de la sangre (εἰς τὸ αἷμα) de la muerta. Inmersión siendo imposible en los dos casos, concluimos que la preposición εἰς no presta ninguna fuerza adicional al verbo βάπτω y por ende βάπτω εἰς no significa por defecto inmersión.

De los otros textos no mencionados, el lector puede hacer su propio estudio y formular sus propias conclusiones sobre el significado de estas palabras en sus contextos respectivos (Lev. 4:6, 17; 11:32; Deut. 33:24; Jos. 3:15; Rut 2:14; 1 Reyes 14:27; 2 Reyes 8:15; Job 9:31; Dan. 4:33; 5:21). De todos los textos citados, hay dos instancias en las que βάπτω claramente significa “sumersión”; en Lev. 11:32 dice que si un animal inmundo que murió cae por encima de uno de los pertenencias del israelita, había de meter esa pertenencia en agua hasta la noche para que quedara limpio. Esto claramente requiere la inmersión de lo que se tenía que purificar. El otro texto, Job 9:31, “Aún me hundirás en el hoyo” parece requerir una inmersión, no en agua o algún líquido, sino en el hoyo. Aunque requiere que Job sea completamente metido en el hoyo, el uso es figurativo, no se encuentra en un contexto sacral, hay carencia de agua u otro líquido y el contexto no tiene que ver con la purificación ritual. Dado estas observaciones, podemos con seguridad afirmar que este uso de βάπτω, aunque claramente implica una inmersión total, no añade nada a nuestro entendimiento de βάπτω en otros contextos ni al concepto del bautismo en general.

Conclusiones preliminares

Lo importante en lo que acabamos de analizar no es que βάπτω no pueda significar inmersión. No negamos que sí se puede conllevar esta idea. Lo importante de notar aquí es que el término no significa de forma absoluta “sumergir” y por ende no es requisito que el término siempre sea entendido de esa manera. Hemos visto que en algunos casos es imposible que tenga ese significado.

Con respecto al modo de los bautismos, se ha observado lo siguiente:

  1. Lo que ha de ser purificado o consagrado por el sacerdote es por consiguiente bautizado con o sangre o agua o aceite.
  2. Aunque el dedo del sacerdote, una avecilla, un cedro o hisopo o una lana son mojados o metidos en el líquido, ellos mismos no son los objetos de la purificación, sino solo instrumentos, y lo que se ha de purificar, sea un leproso, el pueblo u otra cosa, es purificado o consagrado mediante un bautismo por rociamiento (ver también el “sacrificio” de los levitas para consagrarlos para la obra del Señor (Núm. 8:5-13). Primero son “bautizados” siendo rociados con el “agua de la expiación”. Aunque la palabra βάπτω no aparece, el propósito y la forma del ritual es igual que en los textos anteriormente analizados. Es una separación por medio de rociamiento. Así el modo del bautismo en el servicio del templo se asocia con el rociamiento y no con la inmersión de aquello que había de ser purificado o consagrado al Señor.
  3. Finalmente, el significado de estos bautismo también tiene que ver con el modo de su administración. Los bautismos veterotestamentario (los que analizamos y muchos otros que no) significan:
    1. Purificación de inmundicia (Lév. 14:1-9, entre otros)
    2. Consagración a Jehová (Núm. 8:5-13, entre otros)
    3. Expiación de pecados (Lév. 4:1-14, entre otros)
    4. Muerte y resurrección. Este significado se ve muy claramente en que las purificaciones se efectúan no solo con agua, sino también con la sangre de algún animal sacrificado. Así por muerte, se hace expiación por los pecados o purificación de inmundicia y el que tenía ser purificado fue rociado con la sangre del animal muerto. El concepto de resurrección se ve tanto en el nuevo estado que tiene el pecador o inmundo ante Jehová, como también en el mismo rito de purificación. Por ejemplo, en Levítico 14:1-9, una avecilla muere y el ex leproso es rociado de la sangre de la muerta y la viva, que ha sido mojado en la sangre de la muerte, se suelta y queda libre.

La verdad es que casi sería un insulto para la inteligencia del lector mencionar aquí lo obvio (aunque no puedo resistir la tentación de hacer la siguiente observación), que los significados de los bautismos del Antiguo Pacto son los mismos significados (en principio) que se atañen al bautismo cristiano. El modo de rociamiento, mientras no es insignificante, no determina el significado del rito, sino el contexto de cada pasaje y el propósito que Dios mismo añade al mismo. Así el bautismo del AT (y es mi convicción que esto es cierto del bautismo del NT también) no tiene un solo significado, limitado artificialmente por el modo de su administración, sino diversos significados que manifiestan las riquezas de la gracia de Dios hacia su pueblo del Viejo Pacto. Además, el lector recordará que todo lo perteneciente a la vieja administración del Pacto se encuentra “sumergido” en tipos y sombras que señalan siempre su verdadero cumplimiento, completitud y plenitud en la persona y obra de Cristo Jesús. Por esa razón, el bautismo del Nuevo Testamento es más rico en su significado, no menos. Llegando al NT y al cumplimiento de toda justicia en Cristo Jesús, los ritos instituidos por Cristo no se empobrecen, siendo menos profundos o menos ricos en significado, sino muy al contrario: son más profundos, ricos y significativos que nunca. Sin embargo, el lector nunca debe perder de vista la gran verdad que lo que vemos en estos textos del Antiguo Testamento es Cristo, aunque este esté más o menos velado u oculto en las sombras de las promesas todavía no cumplidas o perfeccionadas.

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